Viajar solo

Viajar solo te obliga a escucharte. A decidir dónde ir, cuándo parar, qué hacer cuando los planes cambian y, sobre todo, a disfrutar de tu propia compañía. Al principio puede resultar extraño sentarte solo en una mesa, caminar durante horas sin nadie al lado o llegar a un lugar donde no conoces absolutamente a nadie. Después descubres que precisamente ahí empieza parte de la aventura.


También aprendí que viajar solo no significa estar solo. Cuando no tienes a nadie conocido a tu alrededor estás mucho más abierto a lo que ocurre. Una conversación puede empezar en cualquier sitio, una persona desconocida puede terminar formando parte de tu viaje y un día completamente improvisado puede convertirse en uno de los que más recuerdas. Viajar solo me enseñó a disfrutar del camino sin necesitar siempre saber con quién lo voy a compartir.